lunes, 8 de septiembre de 2014

Prevención sísmica


Prevención sísmica

En las actuales circunstancias, si se llegare a repetir -Dios no lo quiera- un movimiento sísmico como el de 1967, las víctimas humanas podrían ser tan numerosas como las del terremoto ocurrido en Haití en el año 2010.

ALFONSO LINARES |  EL UNIVERSAL
sábado 6 de septiembre de 2014  12:00 AM
En nuestro artículo del pasado 26 de julio, a propósito del cumplimiento de los 47 años del denominado Terremoto Cuatricentenario de Caracas, comentábamos la inmensa vulnerabilidad sísmica que tiene nuestra ciudad capital, considerablemente mayor a la que tenía para aquel entonces, como consecuencia de la proliferación de casas (muchas de más de dos pisos) informalmente construidas en los cerros y terrenos marginales caraqueños que conforman zonas de barrios donde conviven, en condiciones precarias, cerca de dos millones de personas.

Y es que, en las actuales circunstancias, si se llegare a repetir -Dios no lo quiera- un movimiento sísmico como el de 1967, las víctimas humanas podrían ser tan numerosas como las del terremoto ocurrido en  Haití en el año 2010.

En efecto, en esa catástrofe se produjeron, según cifras del Gobierno haitiano, alrededor de 316.000 muertos y más de 350.000 heridos, siendo la mayoría de las víctimas producto del colapso de viviendas autoconstruidas sin normas técnicas ni control alguno, situadas en suelos vulnerables carentes de servicios y de accesibilidad vial, escenario muy semejante a los asentamientos que constituyen los descritos barrios capitalinos.

Por ello volvemos a insistir, aunque luzca repetitivo, que el Ejecutivo Nacional y todas las alcaldías del Área Metropolitana de Caracas            -dejando de lado intereses subalternos- instrumenten y ejecuten, de forma coordinada y concertada, programas integrales de habilitación física de barrios, que suplan, corrijan y minimicen las debilidades y carencias que tienen dichos asentamientos.

Tales programas han de ser prioritarios, profundos, de largo aliento, donde también participen el sector privado y el académico y, por supuesto, la comunidad organizada, pues es indudable que las debilidades y carencias referidas  no se resuelven por la gestión de un solo ente, ni de la noche a la mañana, ni con trabajos de maquillaje o de proselitismo político.

En este tenor, las acciones en los barrios deben contemplar, entre otros aspectos, obras que posibiliten accesibilidad expedita; provean de servicios públicos y equipamientos comunales o mejoren los que existan;  y doten de espacios abiertos para la práctica de deportes pero también para que puedan ser empleados como áreas de socorro o rescate en casos de emergencias.

De igual manera, es imperativo el desarrollo de programas de evaluación de las casas o edificaciones existentes con miras a reforzarlas estructuralmente o, si se encuentran en suelos inestables, demolerlas y reubicar a las familias respectivas en viviendas construidas en terrenos adecuados.

Asimismo debe intensificarse, en cada barrio, la estimable labor que realiza Funvisis, en cuanto a los programas de educación a las comunidades para la autoprotección en casos de terremotos. Para tal fin es preciso que las alcaldías asuman el papel de multiplicadores permanentes de esta tarea, como medida básica de prevención sísmica.

mdu@unimet.edu.ve

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