domingo, 29 de enero de 2012

En la entidad mirandina hay un déficit de 1.011 funcionarios.





La inseguridad del Tuy no respeta a los muertos

29-Ene 07:18 amAngélica Lugo

En la entidad mirandina hay un déficit de 1.011 funcionarios. Las bandas de la comunidad de Cartanal se visten de negro en las noches y se acuestan en las calles para atacar a sus víctimas
El ruido de los disparos acompañan los velorios de Santa Teresa del Tuy

Los comerciantes de Cartanal, una de las urbanizaciones más peligrosas de los Valles del Tuy, atienden al público a través de las rejas

Jesús Méndez, de 40 años de edad, jugaba desde pequeño con las urnas. Como su padre trabaja en el sector funerario, su casa fue habilitada para ofrecer servicios de esta índole. En su adolescencia empezó a trabajar en el área y desde hace un año tiene una bala que le sobresale de la rodilla derecha.

En un velorio recibió un tiro al quedar atrapado en una línea de fuego. Las funerarias y los cementerios de los Valles del Tuy son escenarios para rendirle culto a la violencia.

De manera natural, y con algunas carcajadas que se le escapan, el hombre relata parte de sus anécdotas laborales: "A mis compañeros y a mí ya nada nos asombra. Aquí en el Tuy los enemigos de los difuntos llegan a los velorios para rematar al muerto y a sus allegados, o los amigos de los fallecidos se ponen a disparar para homenajearlos".

Jesús está conciente del peligro que corre cada vez que sale a trabajar, pero no se imagina ejerciendo otra profesión. "Nací haciendo esto que, aunque no me hace millonario, me da para la comida. A veces los malandros nos obligan, apuntándonos con pistolas, a ir a otros sitios. Cuando quieren ir manejando me quitan la carroza. Yo me hago el loco porque si denuncio, soy hombre muerto", dijo.

Asistir a cualquier entierro de una persona que haya fallecido de manera violenta en los Valles del Tuy, permite comprobar parte de los relatos de Méndez. Por lo general, en todos los velorios y sepelios en los que son remitidas las personas por crímenes se presentan situaciones irregulares que no cuentan con ningún resguardo policial.

Los familiares de las víctimas despiden a los difuntos con un homenaje que empieza en el velorio y termina una vez que los sepultan. El ruido ensordecedor de las balas acompaña a la mayoría de los rituales en los que suelen bailarle a los muertos con su música de preferencia y les rocían licor.

El viernes 20 de enero, cerca del mediodía, los restos de Jerry Alexander Castro, de 31 años de edad, fueron enterrados en el Cementerio Municipal de Ocumare. El hombre, que trabajaba como albañil, pagó con su vida por irrespetar una de las reglas de las bandas que operan en Vallecito, en Ocumare del Tuy. Al cruzar el límite de la zona para visitar a un amigo, se le atravesaron varios hombres armados y lo mataron.

Antes de entrar al camposanto, los allegados de Castro cumplieron con un protocolo para despedirlo: cinco motos, que rodeaban la urna, le dieron vueltas repetidas veces, y el ruido y los ritmos musicales que diferenciaban a los carros presentes en las exequias ponían más tenso el ambiente en el que predominaban lágrimas y gritos. La impotencia de las personas era drenada con el sabor de la cerveza, una de las bebidas favoritas de Jerry.

Antes de pasar al cementerio cumplieron con el último paso; rociaron toda la urna de licor. En ese instante la ira se apoderó de una mujer que estaba ahogada en llanto, y tiró unas rosas rojas al suelo y una botella de vidrio. Algunos testigos esperaban lo peor pues los cementerios de los Valles del Tuy son territorios de nadie.

Varios guardaron distancia e intentaron resguardarse.

Varias personas que han sido víctimas de la violencia en Cartanal, o que se han cansado de presenciarla, han optado por mudarse. Los anuncios que dicen "se vende" son reflejo de ello.

Una casa humilde que está en una esquina de ese sector tuvo que ser desalojada por sus habitantes. La vivienda colinda con una cuadra que es disputada por dos bandas de jóvenes; de allí se explica la cantidad de huellas que dejan las balas en las paredes.

En las noches los grupos delictivos son protegidos por la oscuridad. Se visten de negro y se acuestan en las calles para pasar inadvertidos.

De esta manera se organizan para atacar a sus enemigos o víctimas.

Posibles soluciones. Un funcionario del municipio Independencia explicó que para poder enfrentar a los delincuentes de la zona es primordial trabajar en conjunto con la Policía de Miranda, pues toda la urbanización tiene 25 entradas. "Para desarmarlos se necesitan, como mínimo, 25 alcabalas de policías. El gran problema que tenemos es que no hay recursos. Muchas veces patrullamos con nuestros propios vehículos", destacó.

"Cuando hay un muerto y caen las flores al piso, pasan cosas malas", comentó una mujer mayor que iba a visitar la tumba de su esposo. Sorpresivamente no sucedió nada y todo terminó normal.

Drogas sin control. Los Valles del Tuy está dividido en seis municipios. Cada jurisdicción tiene sectores que están cercados por la violencia. Uno de ellos es la urbanización Cartanal, que está en el municipio Independencia y tiene 48.000 habitantes, cuyo problema principal es la venta de drogas.

Aunque hay policías municipales y estadales que deben patrullar la zona, que es considerada una de las más violentas de Valles del Tuy, la falta de funcionarios les da la oportunidad a las bandas delictivas para que ganen poder.

El viernes 20 de enero a las 3:50 pm, cuatro adolescentes estaban drogándose sentados frente a una casa del sector 5 de Cartanal. Así lo hacen sin importar que alguien los sorprenda. Justo en esa cuadra hay dos casas en las que se distribuyen estupefacientes.

En esa área de la urbanización tres grupos delictivos de jóvenes son los encargados de "darle vida" a las calles a cualquier hora del día.

"Por aquí hay plomo a cada ratito porque todas las bandas tienen diferencias entre ellas", señaló una vecina.

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