martes, 21 de septiembre de 2010

¡Los asaltantes!



Cuidado en la Acera

¡Los asaltantes!



Su rostro taciturno contrasta con su mirada azul mar. Sus ojos son inmensos, al igual que su nariz, y su tez es extremadamente blanca. La imagen de la mujer de unos 30 años de edad nos parece algo grotesca.
Ella espera muy paciente, al punto que pareciera no tener nada más qué hacer y absorbe el café de la taza con lentitud. Así percibimos la imagen de Camila durante el encuentro. La entrevista sería muy rápida, al menos eso pensábamos.
Camila afirmó que nos interesaría su historia y en medio del diario trajinar que nos impone el periodismo de diario, terminamos pensando que tendríamos que pedirle hacer un segundo encuentro, pero cuando comenzamos a escuchar lo que esta mujer tenía que contar, ya no nos pareció ni lánguida, ni grotesca, sencillamente nos encontramos ante el sentimiento humano puro. A la vuelta de sus 17 años de edad Camila ya andaba en la universidad y se sentía una diva.
Ella siempre fue una chica muy delgada, de movimientos plenos de energía y vitalidad. Las manos de Camila, al igual que sus piernas, siempre fueron muy largas, y cuando ella conversaba con alguien movía toda su estampa en una misma dirección, al estilo de una marioneta que quiere expresar mil cosas a la vez. Nellyda y Jesús, los padres de Camila, siempre estuvieron orgullosos de su muchacha y confiaban plenamente en ella, quizás por ello el golpe tan duro que recibieron luego del regreso de su hija de aquel viaje que había planificado a Mérida.
Eran los días cercanos a carnaval y las chicas planificaron el viaje con antelación, ya desde principios del mes de enero estaban en sus preparativos, para que cuando viajaran a Mérida durante el mes de febrero, no tuvieran que pasar malos momentos con el hospedaje. La intención era que la semana en que estarían libres por culminar su semestre se uniera a la semana de las festividades carnestolendas, y así los días de vacaciones serían más, todas juntas y de viaje, en una aventura que esperaban no olvidadr...¡y así fue!. Camila vestía un sencillo conjunto color melón, se veía realmente hermosa, algo en sus ademanes y mirada le impedían a cualquiera que la mirase darse cuenta de que su nariz era muy grande o de que sus ojos realmente resaltaban en su cara muy blanca.
El grupo de unas 11 estudiantes universitarias iba en un cómodo bus-cama, estaban todas felices y cantaban, hasta que el grupo armado comenzó a gritar dentro de la unidad que aquello era un asalto.
Eran hombres y mujeres que se levantaron de algunos puestos estratégicos en los que se habían ubicado, fingiendo ser viajeros. Una parte del grupo armado, que almenos estaba integrado por 7 personas, obligaba a los pasajeros del bus a colocarse bandas negras de tela, que luego ellos apretaban muy fuerte, a la altura de sus ojos.
Los delincuentes no querían que los pasajeros, que eran secuestrados, se fijaran hacia dónde iban. Luego de tomar el bus y de asumir el control bajo amenaza de muerte de todos los que estaban en la unidad, el grupo de hombres y mujeres sustrajo todas las pertenencias de sus víctimas, quienes llegaron a pensar que serían liberados luego del robo, pero no fue así.
Los cuatro hombres que componían el grupo consumían mucho licor y drogas que tenían en el sitio, ellos querían mantener a los pasajeros ocultos hasta poder salir de nuevo de donde se encontraban, pero el panorama se les complicó en el sitio, y en el temor de ser detectados, decidieron aguantar en el lugar durante el tiempo necesario para poder sacar el autobús y llevarlo a alguna vía externa que impidiera que su “guarida” fuera descubierta. Una de las amigas de Camila, quien sospechaba un embarazo desde hacía días, sufrió un desmayo y ella quiso auxiliarla, pero una de las mujeres del grupo, cuyo aspecto era absolutamente masculino, tomó a Camila por su largo y muy amarillo cabello, al punto de desprenderle buena parte del mismo, mientras le exigía que se apartara de la amiga
. Camila trataba de defenderse y ello produjo que otra de las mujeres, esta vez de aspecto muy femenino, pero quizás más violenta que la primera, la lanzara al suelo y luego la levantara de nuevo por su cabello, mientras le afirmaba al oído que esa noche sería “carne de cañón”.
Camila fue amordazada y atada a una cama de pies y manos.
La habitación en la que se encontraba la muchacha no podía ser accesada por el resto de los secuestrados. Durante días las mujeres y los hombres abusaron de ella y la golpearon, cubriéndola con colchonetas cuando lo hacían.
El horror vivido por Camila nunca se borró de su cerebro, ni de su alma, y luego de haberse dado cuenta de que, pasado el tiempo desde aquel terrible secuestro, de la posterior liberación y de las averiguaciones que la policía inició, nada se hizo para detener a sus captores y verdugos; ella trataba de salir adelante y de superar sus temores en la calle y en cualquier unidad colectiva a la que subía.
Camila dice que jamás borró de su cabeza el rostro de la mujer, y menos después de verla vestir un uniforme policial. Nota: Queremos recordar a nuestros lectores que este espacio ha sido creado en el ánimo de presentar a ustedes relatos en los que se mezclan realidad y fantasía; y cuyos temas para nada buscan lesionar a persona o institución alguna. Hasta la próxima historia

Janeth Solórzano /janethmaye@yahoo.com

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